El actual enemigo de las matemáticas

Las distintas sociedades de matemáticos han manifestado su desacuerdo con el gobierno actual a raíz de una nueva propuesta legislativa para bachillerato. Una prueba de ello la encontramos en el artículo: «Los matemáticos se rebelan por la nueva ley educativa» del diario El País. En este artículo veremos que el enemigo de las matemáticas es otro.

Si prestamos atención a los antecedentes, es lógico pensar que hay cierta inconformidad por parte del gobierno en la situación actual en la que se encuentra el bachillerato. Así pues, el objetivo de los dirigentes nacionales no es más que el de beneficiar las matemáticas. 

Dadas las diferentes perspectivas de ambos, no hay más para ver que esa es la causa por la que se llega a conclusiones diferentes. Dicho de otro modo, si los matemáticos estuviesen en la postura de los dirigentes, pensarían de igual modo que el gobierno español. A la vez, los políticos, si estuviesen en la posición de los profesores, afirmarían lo que manifiestan hoy los matemáticos. 

A pesar de lo dicho, soy consciente de la predisposición por buscar enemigos o rivales, entre aquellos que están en el campo de batalla. Este es un error que quiero mostrar a lo largo del texto. No digo que hayamos llegado a ese extremo de acusarnos los unos a los otros de algo que no se ha revelado. Pero sí quiero evitar que lleguemos a esa situación. 

Quiero destacar y poner de manifiesto que ni hay malos dirigentes ni malos profesores. Que el problema es siempre el mismo: con los recursos actuales, obtener lo mejor que podamos. Para ello debe haber cierta confianza entre nosotros y no perder energías en acusaciones que no llevan a ningún sitio. 

Para resolver este conflicto debemos ver cuál es el actual enemigo (y no rival) de las matemáticas actuales (y, por consiguiente, de los alumnos). Por ello, permítanme contarles una anécdota de mi infancia que ocurría en verano. Luego estableceré su analogía. Esto nos facilitará pensar la situación en la que nos encontramos desde una perspectiva más distante a la que disponemos y ganar en objetividad. 

Castillos de arena

Recuerdo que, de niño, al llegar el verano construía castillos de arena en la orilla del mar. Con la temprana edad de 5 años ya disponía de una metodología para alcanzar el éxito. Como sabrás, se basaba en llenar un cubo de forma peculiar con arena húmeda, prensarla (solo un poco) y luego dejarla caer. 

Pronto llegó el deseo de hacer más de una torre para unirla con una muralla. Esto complicaba mucho el trabajo y solía caer en un falso fracaso porque no era culpa mía, pero doloroso. Creía que no era lo bastante bueno y rápido para llegar al esplendor del éxito. No entendía que fallaba y asumía toda la responsabilidad. 

Un día descubrí una maravilla de castillo, grandísimo y bello porque no le faltaba ningún detalle. Incluso las paredes tenían surcos que configuraban hermosos dibujos. Mi edad y tal vez otra causa que aún desconozco me impedían ver las diferencias notables entre ese castillo y el que quería construir. 

La majestuosa obra de arena de aquel joven estaba construida a la banda opuesta a la orilla del mar. A él no le alcanzaban las olas del mar, además de tener mayor experiencia. Mientras, me sentía frustrado por no ser lo suficiente bueno. En este campo de batalla solo estaba yo por lo que me ahogaba en: “estoy haciendo las cosas bien, pero soy un torpe”. El ir y venir del mar no era nadie; por lo que era descartado. 

El caso de las matemáticas 

Cuando miro al sistema educativo español (sobre todo en el ámbito de las matemáticas) veo a la sociedad criar a su próxima generación, pero con gran similitud con la anécdota anterior. El informe Pisa nos permite compararnos con los demás, creemos que estamos en igualdad de condiciones y, sin embargo, no somos capaces de ver esa ola que detrás de otra nos borra el camino recorrido. La ola no es nadie por lo que no tiene cabida el concepto de culpabilidad, pero sí el de causalidad. 

Aquel castillo que vi y reafirmaba mi idea de que se podía hacer estaba construido en otra parte de la arena, donde ya no alcanzan las olas. Pero ¿por qué pensar que somos torpes? ¿O que el torpe es nuestro compañero? A caso hemos descartado todas las causas externas a nosotros. No debemos buscar culpables para encontrar soluciones, solo causas. La igualdad natural es una realidad que se ve rota, a veces, por las injusticias sociales. Pero muchas veces se mantiene en pie.  

El informe Pisa nos dice que nuestro sueño es posible, a la vez que algo falla. Lo mismo sucedió cuando observé el castillo de aquel joven. Por ello, primero debemos descartar si hay un fenómeno desapercibido que nos impide nuestro trabajo antes de afirmar que somos torpes o inferiores. Antes de buscar responsables, encontrar causas. La culpabilidad y la infravaloración, no nos ayudan en este caso. 

Creo que las olas de nuestra educación llegan cada fin de semana al no saber vivir la fiesta. La celebramos pensando en que el trabajo es una maldición y la fiesta es una salvación a dicha condena. Esa ola llega e impide que podamos construir unos conocimientos fuertes y arraigados en la mente de cada alumno. 

Por un lado, las matemáticas y otras asignaturas no serán divertidas si están situadas en el ámbito profesional. Las nuevas generaciones deben discernir entre lo que es aprovechable y lo inservible de las antiguas generaciones. Este es un ejercicio que hicimos todos en esa edad. Por ello, estamos abocados al fracaso, si nos situamos en el ámbito de la condena. 

Por otro lado, el alcohol y otras sustancias situadas en el ámbito de la salvación reinan de gloria y éxito. He aquí la ola principal derivada de la anterior la que borra la capacidad de nuestros alumnos, de nuestras nuevas generaciones. No sé qué camino, en el pasado, nos ha llevado a adorar algunas tóxicas aficiones.  

Conclusión 

Mientras reine la cultura del alcohol y los evasores fuertes (sustancias psicoactivas), ningún recurso didáctico conseguirá con plenitud las mejoras esperadas ni mucho menos ninguna legislación justa será útil. Si, mientras intentamos mejorar, cargamos con el otro o con nosotros la culpa de unos resultados no deseados, la toxicidad crece y se hace más difícil salir de ahí.

No hay evidencia científica para afirmar que hemos formado un mal profesorado y unos malos dirigentes. Todo lo contrario, disponemos de las técnicas didácticas más avanzadas de la historia, de unos recursos que muchos países quisieran tener y unos dirigentes, en la ideología que sea, comprensivos y atentos a los problemas de la actualidad.

Algunos alegarán que siempre ha existido el alcohol, a ellos les contesto ¿pero realmente quieres mejorar? El nivel educativo en uno mismo, para mí, es inversamente proporcional a la necesidad de alterar la conciencia artificialmente para disfrutar de la vida. La mejor educación es aquella que te da fuerzas para seguir en pie de forma independiente.

Por ello, afirmo que el actual enemigo de las matemáticas es la alteración desmesurada de la conciencia por terceras sustancias. Además, quiero apelar a la intuición de cada uno, por lo que solo aportaré una referencia científica para los más escépticos: «Jóvenes bebedores y vulnerabilidad en los estudios» de Gil Hernández, Soledad y García Moreno, Luis Miguel en Revista de Educación Inclusiva (Vol11,nº1, 2018, pág. 13-24).

Referencias

Agradecimientos

Imagen de David Mark en Pixabay

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4 comentarios en «El actual enemigo de las matemáticas»

  1. Buen artículo, interesante reflexión ?
    Me gustaría aportar otra posible ola en la relación que tenemos con la educación. En otros paises europeos, la cultura de la fiesta incluye acudir a museos, bibliotecas, viajes culturales, actividades deportivas. En familia o con amigos, a temprana edad y una comida para culminar .
    Aquí la fiesta, desde pequeños, se vive con reuniones diversas cuya único fin es comer y beber para disfrutar de estar juntos.
    Esto parece empieza a cambiar

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    • Interesante aportación. Por lo que dices, se puede afirmar que mientras estamos bebiendo muchos otros negocios, casi siempre culturales, se quedan por llenar. Ello nos lleva a pensar que el consumo excesivo de alcohol puede ser mala compañera de la economía.

      Responder

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