Herencia desigual

Ni los hombres ni las mujeres podemos jugar a competir si no hay igualdad de oportunidades. Aunque aceptemos «barco como animal de acuático», jugar a que «gane yo» no es divertido. En 2015 la ONU declaró el 11 de febrero como Día internacional de la mujer y la niña en la ciencia en referencia a las STEM para conseguir una competencia justa, estimular el talento femenino, garantizar un futuro laboral y, como consecuencia, un mundo más justo.

El Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades presentó ayer el informe Científicas en Cifras 2017 que se puede conseguir desde este enlace, elaborado por la UMyC y presentado por Ángeles Heras Caballero, Secretaria de Estado de Universidades, Investigación Desarrollo e Innovación. Unos datos que muestran una clara injusticia social hacia la mujer en el mundo de las STEM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas por sus iniciales anglosajonas).

Siempre he creído que las injusticias nunca vienen a favor a pesar que tuve la debilidad, en más de una ocasión, de dejarme llevar por su dulce veneno: la superioridad, el obsequio inmerecido, el aparente respaldo de muchos, etc. La trampa te permite ganar al rival, pero te ciega en tu camino hacia la autosuperación. El aparente respaldo de muchos se da cuando creemos que la mayoría opina de una manera y no lo hemos verificado; esa apariencia te da una falsa razón que te aleja de la verdad. El obsequio inmerecido y las demás tentaciones tampoco son lo que se espera de ellas.

Creo que de alguna manera todas y todos perdemos cuando alguien de nosotros o de nosotras no suma; más aun cuando alguien se esfuerza por que otra u otro no sume. Por ello digo que las mujeres no tienen barreras, se las creamos los hombres, empezando por falsos tópicos y no valorando su trabajo; no es su problema, es nuestra nefasta costumbre. Somos los hombre los responsables de dar ejemplo de como deshacernos de una herencia viciada a la desigualdad.

Galileo demostró ser un hombre de mente abierta al aceptar las ideas de Copérnico. Hoy en día seremos de mente abierta si aceptamos este error social porque el hombre no es el centro de la ciencia ni de las STEM. Galileo, que defendió ideas en contra de la corriente de entonces, demostró ser valiente. Hoy en día, la corriente no proviene de un poder malvado, sino que está entre nosotras y nosotros; debemos cambiar el chip.

Esta iniciativa internacional que el mundo quiere hacer en las STEM creo que se conseguirá si partimos de la comprensión de la herencia de un sistema imperfecto, como les ocurrió a nuestras y nuestros antecesores. Tenemos todas y todos el objetivo no impuesto, pero sí motivador, de mejorar (desde la comprensión). Aunque los hombres crean las barreras, no es su intención. Aunque las mujeres se pierdan entre esa maraña de dificultades y tópicos, no es su voluntad. Las STEM y la I+D+I tienen derecho a ser mujer si lo desean. Las mujeres tienen derecho ser STEM o I+D+I sea cual sea el rango a ocupar.

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